Una noche de Abril, Maxi y yo nos aventuramos en el monte a experimentar una toma de wachuma. Antigua medicina a base de un cactus de los pueblos originarios andinos. Los conquistadores lo llamaron «San Pedro», porque según ellos, a través del trance te acercabas a las puertas del cielo.
Fotos: Maximiliano Romanos

El calor de la luna. Las luces y las sombras. El respeto y la admiración. La conciencia. La inconsciencia. La naturaleza hablando, mirando y mostrándose esplendorosa.Otro trago…El camino, los pasos algodonados, las nubes.
El tiempo sin tiempo fundiendose con el espacio, manifestandose en capas sutiles e interminables. El movimiento de los colores y las luces. Los grises, los turquesas, el cielo prendido fuego.Ese eterno atardecer…o amanecer…La conexión con lo salvaje.
El punto de liviandad justo entre la vida y la muerte. Los caminos que se abrian, la increíble claridad. El eterno instante entre el dia y la noche. El sabor amargo…los mensajes del pasado.
Lxs aguada en trance buscando los mensajes de la tierra y de los cielos, sus fuegos, su música, su danza, sus risas, su locura…Los soldados wachuma, firmes y gigantes custodiando el cerro, para cuando queramos volver.





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