Relatos de familia

por Denise Bilsky

Argentina, la tierra de las oportunidades

Inmigrantes de origen europeo llegando al puerto de Buenos Aires (Fuente Wikipedia)

Es el acento con aires napolitanos exaltados que hablan los porteños; la pizza llevada también de Nápoles y altamente mejorada (digo yo, hasta lo obsceno); es el acordeón y el violín que suenan en nuestro folclore; es el lunfardo que entreteje versos a través de los lamentos tangueros del bandoneón; son los apellidos italianos, rusos, alemanes, polacos, árabes, que nos diferencian de otros pueblos latinoamericanos; son las antiguas cofradías que nos han hecho un pueblo solidario; es el movimiento obrero y los sindicatos de raíces anarquistas y socialistas venidas de ultramar; es la pasta, los ravioles, sorrentinos, tallarines, los ñoquis del 29, las empanadas árabes, las milanesas, esa obsesión de volver todo “a la napolitana”1; son los ojos claros, las pieles blancas de muchos de sus habitantes; es la elegancia de la arquitectura francesa de Buenos Aires, Córdoba y Rosario; es el fileteado porteño coloreando los carteles; los escritores de Boedo; el circo, el teatro, las luchas; es la locura de un pueblo apasionado con sangre de aventurero…

La Pasta de origen italiano forma parte de la gastronomía argentina.

Argentina es un país joven, con una historia de poco más de doscientos años, marcada desde siempre por la búsqueda y la disputa por un proyecto de nación.

Lxs habitantes de Argentina tenemos tres grandes raíces que forman nuestra identidad cultural y étnica: la originaria americana, la africana, y la europea, lo que nos hace un pueblo mestizo y diverso.

Según estudios genéticos de la población argentina, el 85% de los genes que tenemos sus habitantes son de origen europeo2.

Durante el siglo XIX, y siguiendo la ola de los Estados Modernos en Europa, se le dió forma a lo que marcaría luego a la cultura e identidad de este territorio que tras décadas de disputas internas comenzó a existir bajo la forma administrativa de República, la República Argentina.

Con un territorio enorme y poco poblado (menos de 1.500.000 a mediados de siglo), situación profundizada debido a la masacre de los pueblos originarios y al sacrificio del sector afrodescendiente, los responsables del gobierno de la joven nación, configuraron un proyecto de repoblación del territorio facilitando la llegada de la inmigración.

En la Constitución de 1853 redactada por Bautista Alberdi, promovieron la inmigración europea eliminando las barreras para la llegada de personas extranjeras.

Así nació lo que sería la Gran ola de inmigración europea a la Argentina, que se dió a finales del siglo XIX y en las primeras décadas del siglo XX.

Inmigrantes de origen italiano en Buenos Aires (Fuente Wikipedia).

Entre 1880 y 1915 llegaron millones de europexs, la cantidad varía según la fuente, algunas hablan de más de 1 millón y medio, otras hablan de más de 4 millones, la mayoría hombres jóvenes.

Cargando sus equipajes, sus culturas, idiomas y sueños, llegaron de diferentes países de Europa. La mayoría llegó de España e Italia, pero también de otros territorios como: Ucrania, Polonia, Rusia, Francia, Alemania, Croacia, Suecia, Irlanda, entre otros.

En el nuevo territorio el Estado argentino les recibía con los brazos abiertos: les ofrecía una semana de alojamiento y comida en el Hotel de Inmigrantes de Buenos Aires, también ofrecía asesoramiento para la búsqueda laboral, servicio de traducción, y el pago del pasaje para trasladarse hasta el rincón del país donde hayan conseguido trabajo. Luego de esa primera semana, ya quedaba el destino en manos de la persona extranjera.

Portada del periódico anarquista «Ideas», publicado entre 1917 y 1928 en La Plata.

Esta gran ola inmigratoria generó un enorme crecimiento demográfico, se pasó de 1.700.000 habitantes en 18693, a 15.900.000 en 1947. También esta nueva mano de obra generó un enorme crecimiento económico que impactó en un aumento de las exportaciones agropecuarias.

Cambios en el lenguaje, en las artes, en los oficios, en la gastronomía, en las ideologías. Como resultado de este proyecto político la sociedad argentina cambió para siempre.

Puerto de Buenos Aires, principios del siglo XX

Muchas familias argentinas tienen entre sus antepasadxs intrépidxs inmigrantes europexs. Algunas conocen muy bien su historia y procedencia, otras ignoran ciertos detalles o directamente las desconocen.

Les comparto la historia de mi familia paterna, como una ilustración de lo que fueron las millones de historias que se tejieron en esas decisiones, en esos barcos transatlánticos y ese nuevo porvenir en la nueva tierra americana.


La Relatora de la memoria familiar.

Siempre dije que ella es la memoria de la familia. Unas de las cosas que más me gusta compartir con mi abuela paterna son sus relatos sobre la historia familiar.

Bety tiene varios álbumes antiguos, con tapas duras de cartón, llenas de fotos en blanco y negro, que retratan la vida de las varias familias que se entremezclaron para formar la nuestra.

Son historias de inmigrantes, de personajes particulares, cuyas historias reflejan parte de la historia de Argentina.

Conocer sobre las historias de vida de estas personas me hace también reflexionar sobre mí misma. Descubro intereses comunes con algunos de mis antepasados, me sorprendo, me admiro y me hago preguntas.

Observo las fotografías que me muestra mi abuela, intentando adivinar rasgos físicos comunes, interpretando sentidos en su vestimenta, imaginando cosas.

Mi abuela se llama Beatriz Gladis Romanos. Nació en 1935 en Rosario, Argentina.

En su juventud estudiaba música en el conservatorio y tocaba el piano y el violín.

Tiene unas fotos hermosas de ella a los 20 años posando con su violín durante una sesión en un estudio.

Es hija única. Su mamá se llamaba María de las Mercedes Rodríguez, había nacido en Lugo, Galicia, España. Su papá se llamaba Luis José Romanos, era hijo de españoles.

Voy a comenzar con la historia de la familia Rodríguez, la familia de la madre de mi abuela.

Paisaje de Galicia, lugar desde donde migraron miles de españoles hacia Argentina.

La familia Rodríguez.

Esta historia comienza en los verdes campos de Galicia, a fines del siglo XIX. Una familia que vive en una pequeña aldea cerca de Lugo, tiene a su único hijo varón enfermo. La familia, que tiene además otras hijas, es propietaria de bastante tierra, la cual empieza a vender de a poco para pagar el tratamiento médico.

El hijo finalmente falleció y la familia quedó con mucho menos capital y deudas, concretamente una hipoteca.

En el pueblo había un hombre de buen pasar económico, se llamaba José María Rodríguez, quien tenía una discapacidad en las piernas, caminaba con bastón y le decían “El Coyo”, que en idioma gallego significa algo así como “cojo” en castellano. En el pueblo había pocas mujeres. Ese hombre un día le propuso al padre de la familia casarse con una de sus hijas. Ese matrimonio podía ayudar a recomponer la situación económica en la que habían quedado.

La hija mayor rechazó la propuesta y como estaba presionada, abandonó la casa y migró a Argentina. Con otra de las hijas ocurrió similar, mi abuela me comentó que decían: “yo no quiero casarme con “El Coyo”.

La hija menor, Manuela, les dijo a sus padres: “Yo si voy a casarme con “El Coyo”, y unió su destino a este hombre. Esa mujer, era la abuela de mi abuela.

Ciudad de Lugo, Galicia.

Manuela y El Coyo tuvieron varias hijas, una de ellas era Mercedes, la mamá de mi abuela.

Ella me relató esas historias que le contaba Mercedes, sobre cómo era la vida en esa aldea gallega. A través de sus relatos puedo conocer cómo era la vida en el campo en la Galicia de fines del siglo XIX.

En la casa la familia fabricaba todo. Hacían el jabón con cenizas, fabricaban la manteca, con la leche de su vaca, cocinaban un pan gigante para toda la semana. Luego supe que en Galicia existe un pan propio de la región llamado pan gallego, supongo que era este tipo de pan que cocinarían. Tenían ovejas.

Había un gran caldero en el centro de la casa de piedra, y alrededor del fuego se reunían por las noches a conversar con vecinxs y amigxs. Uno de los temas de los que se hablaba era las historias legendarias sobre un lejano y próspero país, del otro lado del Atlántico: la Argentina.

En una época en la que no existían los medios masivos y poca gente estaba alfabetizada, las historias, las novedades y la actualidad corrían de boca en boca, muchas veces en el marco de esos encuentros alrededor de los fogones.

Se decía que en Argentina había mucho dinero y abundancia, que migraba gente de Europa y se volvían ricos en poco tiempo. Se hablaba de que era una tierra de oportunidades.

Esas historias excitaron la imaginación de El Coyo, quien era un hombre aventurero. Fue así que decidió hacer un viaje a la Argentina, para comprobar la veracidad de esas leyendas. Dejó a Manuela y a sus hijxs en Galicia y se aventuró en un barco hacia el país más lejano de Sudamérica.

Aparentemente ese viaje de El Coyo estuvo lleno de aventuras. Una de las andanzas que me contó mi abuela sobre su antepasado es que estuvo en Mar del Plata, y como era una ciudad turística, y él había desarrollado gran habilidad para hacer acrobacias con sus brazos, daba espectáculos a la gorra y la gente le lanzaba dinero.

Al tiempo volvió a Galicia decidido a volver con la familia y hacer su vida en Argentina. Fue así que, luego, la familia entera migró.

Aquí viene un capítulo de la historia muy interesante. En ese tiempo que había pasado entre que El Coyo se volvió a Galicia y la familia completa viajó a Argentina, cambió la legislación inmigratoria, y pusieron una limitación respecto a las personas discapacitadas. Debido a esto, la familia tuvo un problema para volver a estar reunida, ya que no estaba permitida la entrada de El Coyo al país.

Viajó Manuela con sus hijos e hijas y embarazada de seis meses. Como estaba prohibido viajar embarazada, ella se fajó la panza.

Ciudad de Rosario a principios del siglo XX

En Argentina, en la ciudad de Rosario, estaban también las dos hermanas que habían rechazado anteriormente la propuesta de matrimonio. Durante un tiempo se quedó Manuela en Rosario con sus hijos y su bebé recién nacido, acompañada de sus hermanas.

El Coyo les había dejado dinero para ese tiempo, pero Manuela tuvo que buscar alguna manera de generar recursos.

Estaba en la ciudad de Rosario, como producía mucha leche materna consiguió trabajo como nodriza del bebé de un diputado de Santa Fé.

La madre no tenía suficiente leche y el bebé estaba próximo a morir. Manuela, con su leche y su paciencia lo salvó. El diputado estaba tan agradecido que accedió a ayudar a Manuela para que su marido pueda ingresar al país a pesar de su discapacidad. Gracias a las gestiones de este funcionario, El Coyo pudo estar de nuevo en Argentina.

Luego de unos años El Coyo quiso volverse de nuevo a Galicia, pero sus hijas, quienes eran ya adolescentes, no querían irse de Rosario, y la familia siguió para siempre instalada en esa ciudad.

El Coyo y Manuela eran los abuelos de mi abuela. Dicen que Manuela era una mujer alegre, que se la pasaba cantando. Mi bisabuela, Mercedes, heredó una increíble voz de soprano ligera, la cual lucía cantando en su casa.

Mercedes se casó con Luis Romanos, y tuvieron una sola hija, mi abuela Bety. Luis trabajaba como funcionario del Estado en el Puerto de Rosario.

Mi abuela tiene siempre con ella un daguerrotipo de su mamá y su papá posando en un estudio fotográfico, de pie mirando seriamente la cámara, con ropa elegante de los años 30.

Ciudad de Zaragoza, en Aragón, España.

Los Romanos

Mariano Romanos era el abuelo de mi abuela Bety. Nació en España, en Zaragoza, la capital de Aragón.

Allí desarrolló el oficio de imprentero. Para evitar tener que trabajar en las minas de carbón, un empleo sacrificado y peligroso que estaba en boga, migró a Argentina.

En las fotos que se conservan de él, de cuando ya era abuelo, tenía una espesa barba blanca y el pelo canoso también, y era de estatura bajita.

Mi abuela lo describe como un abuelo cariñoso y entretenido, con quien jugaba y pasaba tiempo. Ella recuerda que se sentaba en sus piernas y le hacía trencitas en la barba.

Paisaje de Aragón, región española.

Mariano tenía costumbres singulares para la época: era vegetariano, practicaba la filosofía del “naturismo”, era teosofista4, uno de los fundadores de una Sociedad Teosófica en Buenos Aires. Además de que practicaba la sanación a través de la imposición de manos (actualmente conocido como Reiki).

En una ocasión, Mariano tuvo a una paciente a quien le hizo sesiones de imposición de manos. Esa mujer era María Martínez, una joven de 28 años, de quien la familia creía que ya no se casaría, debido a su avanzada edad. En la época se decía que estaba “para vestir santos”.

Sin embargo, en el marco de esas sesiones de sanación, Mariano y María se enamoraron y luego se casaron. En las fotos de esa pareja se ve que María era bastante más alta que él.

Mariano aparentemente tenía ocurrencias que le caían bien a la gente. Un día fue a postularse como empleado del puerto, en una empresa de capitales franceses. El que lo entrevistó le dijo que era demasiado bajito para el puesto, a lo que Mariano replicó que Napoleón era bajito también y sin embargo había conquistado media Europa. Por el ocurrente comentario, consiguió el puesto. Trabajó en el Puerto desde ese momento en adelante.

Una vez, uno de sus hermanos, con quien había trabajado en el oficio de imprentero en Zaragoza, le propuso abrir una imprenta en Rosario, pero Mariano rechazó la propuesta. Quiso las vueltas del destino que ese hermano suyo continuó con el proyecto y le fue tan bien que se volvió muy adinerado.

Mariano y María tuvieron varios hijos e hijas.

Algunos de sus hijos eran comunistas, lo cual no concordaba con la postura teosofista de Mariano. Solían discutir sobre estos temas.

En relación con la postura vegetariana de Mariano, cuentan que cuando en la mesa familiar había carne, él se indignaba diciendo que ponían cadáveres sobre la mesa. Esto no está chequeado, pero se recuerda que en una ocasión hizo un viaje a su pueblo para visitar a su familia, y que lo recibieron con un asado. Ofendido, se peleó con la familia y se fue de la reunión.

En la familia también circula una historia vinculada a la historia de Córdoba y del país. En una oportunidad durante los años sesenta, Angel, hijo de Mariano, le habría dado refugio al mismísimo Agustín Tosco en su casa en Cosquín.

Sobre el padre de mi abuela, Luis Romanos, cuentan que era un hombre tranquilo, trabajó toda su vida en el puerto de Rosario, como funcionario del Estado.

También sabemos que era fanático de las bicicletas, iba todos los días a trabajar al puerto de Rosario en una de ellas. Me cuenta mi abuela que todos los fines de semana, desarmaba la bicicleta y la engrasaba.

Panorámica del puerto de Rosario, ciudad donde llegó un gran porcentaje de migrantes de Europa.

Los Vinciarelli

Ovidio Vinciarelli, mi tatarabuelo que migró a Argentina desde Italia.

Ovidio Vinciarelli había nacido en 1886 en Grotte di Castro, un pueblo italiano de la región de Lacio. Se casó con Carolina de Simone, ella nació en Schiazzano, situado en la Costa Amalfitana, el sur mediterráneo.

Grotte di Castro, el pueblo italiano de mi tatarabuelo.

Ellxs son mis tatarabuelos. Se sabe que Ovidio era anarquista y decidió migrar de Italia.

Migraron a Argentina, cada quien por su lado, y se instalaron en la provincia de Buenos Aires.

Allí, en Ensenada, se conocieron, se casaron y nacieron sus cuatro hijxs. Una de ellxs era mi bisabuela, se llamaba “Idea”.

Ovidio le puso a una de sus hijas, mi bisabuela, el nombre de “Idea”, en honor a la agrupación y al periódico anarquista argentino, “Ideas”5. Pero mi bisabuela pasó a la historia con el nombre de Haidée, ya que en ocasión del bautismo, en la Iglesia no permitieron usar el nombre del quincenario anarquista.

En 1920, cuando Haidée tenía 9 años, viajaron a Italia, al parecer para reinstalarse en ese país. Allí, en Roma, Ovidio abrió una casa de alquiler de bicicletas.

Casa de nacimiento de mi antepasado italiano.

El Estado italiano descubrió que Ovidio no había hecho el servicio militar obligatorio porque estaba en Argentina, por lo que lo consideraron desertor y tuvo que cumplir con el ejército. Le expropiaron las bicicletas de su negocio y tuvo que hacer un servicio militar de cinco años.

No tenemos claro qué pasó con el resto de la familia en este periodo. Seguramente fue muy complicado. Lo que sí sabemos es que mi bisabuela, Idea, fue internada en un convento en Nápoles por varios años.

Al salir Ovidio del ejército, volvieron a América. Mi bisabuela tenía catorce años cuando regresaron a Argentina, era 1925.

Sobre Ovidio, los recuerdos que quedaron en la memoria familiar son que era un hombre extraordinariamente habilidoso e inteligente, que sabía hacer de todo. Mi abuelo admiraba mucho a su abuelo Ovidio. Lo comparan con Leonardo Da Vinci. Imagino también, que estaba bastante politizado y que tenía ideales firmes e inclaudicables.

Sobre Carolina se dice que le dolía mucho la cabeza todo el tiempo y se ponía una verdura en la frente a modo de analgésico. Era una mujer muy tenaz y hablaba sonoramente con su acento italiano.

En la familia circula una historia sobre ella que no es muy clara, pero que aparentemente es causa y fundamento de ciertos desaires hacia ella.

Una de las hijas de Ovidio y Carolina, se había casado con un odontólogo de Alta Gracia, provincia de Córdoba. En determinado momento ella se enfermó y se fue a Rosario a vivir con su familia. Durante ese tiempo lejos de su compañero, ella le escribía cartas que no obtenían ninguna respuesta. Ella pensó que su esposo la había olvidado, empezó a empeorar su enfermedad y finalmente murió. Dicen en la familia que murió de tristeza por su mal de amores.

Al morir la hermana, mi bisabuela Idea encontró escondidas entre las cosas de Carolina toda la correspondencia entre su hermana y su marido, que nunca había llegado a manos de sus destinatarios. Al darse cuenta de esto, Idea se peleó con su madre y no volvió a tener nunca más una buena relación.

Mi papá, bisnieto de Carolina, me relató que cuando el era niño e iban de visita a Rosario, Idea le prohibía a su madre ver a sus bisnietos. Entonces Carolina, que rondaba los ochenta años, se trepaba al tapial de la casa para poder verlos.

Monumento a los jóvenes del pueblo caídos en la 1era Guerra Mundial

La casa de la familia Vinciarelli

Tuve la dicha de poder visitar el pueblo de Ovidio, hermosa aldea medieval entre las sierras. También pude averiguar la dirección de su casa natal, y fui a visitarla. Frente a la casa, en el centro del pueblo, habia un monumento a los jóvenes del pueblo fallecidos en la primera guerra mundial. Me detuve a mirar esa lista de nombres…no pude evitar sentir que si Ovidio no hubiera migrado años antes, posiblemente estaría en esa lista con sus sueños anarquistas enterrados, y yo no existiría.

Afortunadamente, un pintor que estaba trabajando allí, al verme observar la casa me invitó a entrar a conocerla. Cuando le conté la historia, que yo era la tataranieta de ese joven que habia decidido migrar, se emocionó y en italiano me decía: «tu historia es poesía».

Frente a la puerta de la casa natal de mi antepasado, Ovidio Vinciarelli.

Los Bilsky

Paradójicamente, sobre la familia que me dió este apellido es de lo que menos información tengo. Lo único que sé sobre el origen de mi tatarabuelo es que provenía de Cracovia, ciudad polaca que en esa época pertenecía a Alemania. Estaba casado con una mujer inglesa llamada Esther Waintrop. Sobre ella no se mucho mas. Aparentemente se dedicaban al rubro de la exportación de telas inglesas.

Zona rural de Polonia, país de origen de mi apellido.

Normalmente, según registros del Hotel de Inmigrantes en Buenos Aires, David migró a Argentina con un hermano desde Inglaterra y se instalaron en Buenos Aires.

Su esposa, Esther migró también.

Mi tatarabuelo se llamaba David Bilsky. Aparentemente era una hombre al que le gustaba mucho “la timba”, apostar con juegos de cartas, y las carreras de caballos.

Junto a Esther tuvieron a Mauricio, mi bisabuelo. Esther falleció años después, cuando Mauricio tenía seis años. Y luego de un tiempo, David se casó con otra mujer.

Mauricio se llevaba muy mal con ella, a tal punto que a los catorce años decidió irse de la casa y se escapó a Rosario.

Allí empezó a trabajar en el frigorífico Swift, lugar donde trabajó toda su vida e hizo carrera.

Se casó con Idea Vinciarelli, y de ellos nació mi abuelo Pedro y sus hermanos Oscar y Daniel.

Mi abuelo estudió Ciencias Químicas en la Universidad Nacional de Rosario y se recibió de farmacéutico, a mediados de los años cincuenta.


En esta síntesis de la historia de una típica familia argentina descendiente de inmigrantes, dejo la intensión de sembrar en el lector, la lectora, la curiosidad por la propia historia.

Dialogar con nuestros mayores es el mayor tesoro que podemos tener. Aprovecharles, hacerles preguntas, hacerles trabajar los recuerdos, chequear las fotos, revivir en relatos las décadas transitadas, las personas que ya no están. De esa forma, envueltos en la propia historia, podemos ayudarnos a entender quiénes somos y por qué.

Con mi abuela Bety y mi hermana.
  1. “A la napolitana”: En Argentina existe la costumbre de poner tomate y queso encima de varias comidas, emulando la pizza, venida de Nápoles. ↩︎
  2. Investigación de la UAEM (Universidad Autónoma del Estado de Morelos), Mexico. ↩︎
  3. Este año se realizó el primer censo nacional durante el gobierno de Domingo Faustino Sarmiento. ↩︎
  4. La Teosofía (del griego: θεός, theós, ‘Dios’, y σοφία, sophía, ‘sabiduría’) es una religión formada por un conjunto de enseñanzas y doctrinas difundidas bajo ese nombre por Helena Petrovna Blavatsky a fines del siglo xix. (…) Constituye un movimiento ecléctico occidental que funde religiones como el cristianismo, el budismo, el hinduismo y está directamente relacionado con movimientos esotéricos espiritistas de finales del siglo xviii como gnósticos, rosacruces y masónicos.
    Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Teosof%C3%ADa ↩︎
  5. Ideas fue una organización anarquista que ademas fundó un periódico en la Plata en 1917 que duró hasta 1928. ↩︎
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