Esperar la muerte o hacer la revolución

por Denise Bilsky

La juventud nicaragüense, protagonista de una gesta libertaria

El pueblo nicaragüense festejando el triunfo de la revolución.

Este año se cumplen cuarenta y dos años de aquel 19 de Julio en de 1979, en que el pueblo nicaragüense logró expulsar la dictadura de Somoza del país, luego de cuarenta y cinco años de lucha organizada a través del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Revolución popular, protagonizada por las bases mismas de la comunidad, en una confluencia de los más amplios sectores de la sociedad nicaragüense de la época. Sectores burgueses, obreros, estudiantiles, intelectuales, universitarios.

Fue sobre todo una revolución protagonizada por la juventud, uno de los sectores más perseguidos por la dictadura. “Llegó un tiempo en que ser joven era un delito”, me relataba Marcelo, uno de los ex guerrilleros que, harto de las persecuciones, estados de sitio, muerte y miseria, se sumó a la lucha siendo apenas un adolescente.

Y como él, miles de jóvenes, que combatieron y militaron con sus cuerpos, hasta lograr concretar la Revolución, y luego con el ataque de los “contras”, para defenderla en las fronteras.

Juventud nicaragüense, tan “violentamente dulce”1, golpeada y sacrificada hasta lo inimaginable, como me relataba un militante, cuando describió las torturas que recibieron él y sus compañeros, cuando los secuestró la Guardia Nacional a los catorce años, al mejor estilo de la Escuela de las Américas2.

“Nosotros damos la vida por Nicaragua”, me confesaba un empleado de una terminal de Managua, mientras otra mujer que trabajaba allí me relataba cómo participó en las brigadas alfabetizadoras.3

Esa pasión y amor por Nicaragua actualmente esta atravesada por un enrarecido clima político que azota al país: crisis económica, listas negras, militantes asesinados a sangre fría, violencia y represión en las manifestaciones, atentados, edificios públicos quemados.

Tantas historias me crucé en mi curioso andar, cuando visité Nicaragua hace dos años. Como la historia de Henry, en la isla caribeña Corn Islands, estudiante en Managua y militante sandinista, quien había sido alcanzado por una bala en una manifestación en las acaloradas jornadas del 2018, que le dió en el abdomen y lo dejó en coma por un buen tiempo. Al salir de terapia intensiva le recomendaron que se fuera a su isla porque figuraba en una lista negra. O la de las decenas de nicaraguenses que conocí en Costa Rica, trabajando en negro y explotados en las plantaciones de café.

Muelle de Bluefields, costa atlántica nicaragüense

Ese verano del 2019, en búsqueda de lo que quedó de la revolución, llegué a la ciudad de León, la primer ciudad liberada en la gesta revolucionaria.

León, ubicada cerca de la costa pacífica, a poco más de 100 km de Managua, es una colorida ciudad colonial rodeada de más de diez volcanes, una de las ciudades más calientes de Latinoamérica. Apenas llegué, fui directo a visitar el Museo de la Revolución. Allí me recibió un grupo de militantes del sandinismo, ex guerrilleros.

Disfruté de una visita guiada en la que Marcelo, durante una hora y media me relató apasionadamente y con lujo de detalles toda la historia del sandinismo desde principios del siglo XX, mostrándome un excelente e invaluable archivo de fotografías tomadas durante el proceso revolucionario. Imágenes de jóvenes con fusiles, de manifestaciones en barrios, carteles, señoras con pancartas y bombos.

El museo está ubicado en una antigua casona céntrica que, además de haber sido la residencia de algún aristócrata, fue sede de varias instituciones, oficiales y clandestinas. Centro clandestino de detención durante la dictadura, cárcel, y otros usos por el estilo. Finalmente, con el triunfo de la revolución el edificio fue apropiado por el Estado y desde entonces está manejado por el FSLN. Actualmente funciona como museo y está gestionado por los ex guerrilleros, que lo mantienen básicamente con el dinero de las entradas y aportes particulares.

Ex guerrilleros del FSLN en el museo de la revolución

Fue esa tarde que acordé la entrevista a la que Marcelo accedió con mucho gusto, enarbolando sus consignas y valores.

Al día siguiente volví nuevamente al Museo y allí estaban, los ex guerrilleros, como todos los días. Al reencontrarme con Marcelo empezamos a evaluar el mejor espacio para hacer la entrevista y le consulté nuevamente por algún otro posible entrevistado.

Estas personas dedicaron su juventud, su vida, a hacer y defender la revolución. En esa lucha perdieron amigos, amigas, familiares. Muchos no estudiaron una carrera universitaria, por ejemplo, por enlistarse en las milicias que defendieron la revolución de “los contras” durante diez años. Pero hoy en día la mayoría de esos ex combatientes está en la miseria. Existe una magra e insuficiente pensión, pero la burocracia para lograr acceder a ella hace muy complicado su trámite.

Manifestación en las calles de León

Finalmente acordé la entrevista con uno de ellos, Ricardo.

Con ambos entrevistados hablamos inevitablemente de los sucesos ocurridos en Nicaragua entre abril y julio del 2018, periodo tristemente violento que fue la antesala del complejo clima político, económico y social que se respira en este periodo en el país. Me dieron su versión desde el sandinismo, tan realista y posible como cuestionable.

Esta es la desgrabación de esas entrevistas, realizadas hace poco mas de dos años a dos protagonistas de esta revolución en carne viva.

Mujeres en León manifestándose en contra de la dictadura somocista

Entrevista a Ricardo López, militante del FSLN

¿Cómo fue su participación en la Revolución nicaragüense dentro del Frente Sandinista?

Mi experiencia dentro del Frente sandinista comenzó desde 1977. Apenas tenía 16 años. El problema que teníamos nosotros…era una época con muchos problemas a nivel político, económico, social. Había mucha explotación, mucha pobreza. Yo pase por esa pobreza.

Y la verdad es que no teníamos muchos derechos, ya que nosotros enfrentábamos la dictadura, la dictadura más asesina de Latinoamérica, la dictadura de la familia Somoza, que se implantó en el poder durante 45 años. Estamos hablando del año 1937, cuando llegó al poder la dictadura de Somoza. Durante esos 45 años estuvimos luchando, luchando, luchando…hasta que me tocó a mí, en relación a mi época, ver tanta lucha que el Frente Sandinista venía desarrollando.

Desde ese entonces comencé a leer, que acá prácticamente era clandestino, leer libros del Sandinismo, libros del Che Guevara…y así fue que nosotros organizados en células, logramos organizarnos poco a poco. Yo a través del movimiento estudiantil pertenecía a una célula como activista. Participaba en tomas de colegios, tomas de iglesias, en las manifestaciones de protesta, andar regando comunicados, pronunciamientos, tomando las radios para hacer un pronunciamiento a la población, andar pintando paredes, y así…haciendo mítines sandinistas en los parques.

Participé de la primera insurrección, que fue en 1978. Una insurrección que tuvo un costo de vidas humanas, porque Somoza lanzó una represión indiscriminada. A muchos compañeros les pasó que sus casas eran allanadas, los sacaban a la calle, y ahí nomás los asesinaban. Otros compañeros salieron huyendo debido a la represión de la guardia de Somoza. Masivamente, fueron asesinados en diferentes sectores de aquí de León. Yo tuve que salir huyendo porque ser joven en Nicaragua era un delito. Un delito que vivió la juventud como yo en esa época. Pero más que todo fue una acción dirigida por el Frente Sandinista de Liberación Nacional. Fue como una acumulación de fuerzas y organización, ya que se logró la unidad de todos los movimientos guerrilleros, de tendencia guerrillera, y se dió la orden de ir a una ofensiva final. Una ofensiva final en la que participó todo el pueblo de Nicaragua, todo el pueblo.

La gota que derramó el vaso de agua, fue cuando asesinaron al mártir de las libertades públicas, el periodista y dueño del diario La Prensa, Pedro Vasquez Chamorro, por órdenes de Somoza. Entonces desde ahí comenzó un movimiento activo, ante todo de insurrección popular. Y así lo logramos nosotros. Yo participé aquí en León de la toma del comando, la toma de la 21, en la toma del fortín de Acosasco. Aquí en León participé, y el 20 de junio de 1979 ya nosotros tomamos lo que fué la ciudad de León. Y ahí otro frente guerrillero, como fue el frente norte Carlos Fonseca Amador, frente occidental Rigoberto López Pérez que era el frente de nosotros aquí en León, todo occidente, frente oriental Carlos Roberto Güemes, eran en total siete frentes, organizadamente, con sus estados mayores, con sus estructuras. Prácticamente lideraron la guerra en todo Nicaragua a nivel nacional.

Y el 7 de julio de 1979, aquí en León fue la primera ciudad liberada, que fue con la toma del Fortín Acosasco, una fortaleza militar, que está aquí como dos o tres kilómetros al sur, ahí fue la última batalla, la liberación de León, el 7 de julio de 1979.

Aquí tomó posesión la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional y organismos, empresarios, de la sociedad civil. Y nosotros seguimos en el Frente hacia Managua, tomando poblado tras poblado, hasta llegar a Managua el 18 de julio.

Y el 19 de julio nosotros celebramos en la Plaza de la Revolución la victoria, o sea, Nicaragua libre.

¿A qué le llamaban “liberar los pueblos?”, que hacían concretamente?

Todavía había focos de guardias nacionales que estaban acuartelados en estas comarcas, en los municipios. Entonces nosotros con las armas entrabamos a los pueblos y tomábamos la ciudad, capturábamos guardias que eran hechos prisioneros. Algunos se fueron huyendo…Somoza huyó de Nicaragua el 17 de julio y ahí prácticamente la guardia empezó a entregar los cuarteles, las armas, algunos hicieron resistencia, otros se entregaron voluntariamente.

¿Usted participó de la lucha armada?

Si, activamente en la lucha armada.

¿Alguna vez lo detuvieron?

Si, en 1978 estuve preso tres meses. Gracias a Dios fui liberado a través de organismos de derechos humanos. Allí la guardia nacional prácticamente hacía negocios, detenían a alguien, y se pagaba una fianza de 30.000 córdobas, y recién salía uno, otros salían por gestiones de la iglesia católica y organismos de derechos humanos.

¿Cómo fue la experiencia de su detención?

Yo estaba en una manifestación de protesta en la Iglesia del Calvarito, donde murieron cinco compañeros que tomaron esa iglesia, la teníamos tomada. La estábamos ocupando como protesta.

Joven guerrillero

¿De qué otras maneras participó usted de La Revolución?

Después del triunfo de la revolución fuimos fundadores del ejército, la policía, las Fuerzas Armadas, las Fuerzas Navales, y comenzamos nosotros a participar activamente. Unos fueron enviados a Rusia, Alemania, Cuba, para una profesionalización en el arte militar, para después nosotros venir, y formar parte ya de un ejército que se llamó Ejército Popular Sandinista.

Combatió y defendió la Revolución en los años 80. Dado que tras la revolución sufrimos bloqueo económico, sufrimos sanciones económicas, una guerra financiada por los Estados Unidos. Ronald Reagan financió lo que fue la Guerra de la Contrarrevolución, y así fue que nosotros pasamos después del triunfo de la revolución a defender la revolución, tanto en el norte, en la frontera de Honduras con Nicaragua, como en el sur, Costa Rica con Nicaragua.

Allí prácticamente nosotros durante diez años defendimos la revolución, muchos compañeros jóvenes se integraban al servicio militar, otros a los bastiones de reserva, mujeres, batallones de mujeres. Nosotros entrenábamos a esta gente, y salíamos nosotros encabezando, dirigiendo a las tropas en la montaña. Más que todo la guerra fue en la montaña, en la frontera, durante los diez años de la revolución.

Hasta que se dio un proceso de paz y reconciliación en 1989. Se firmó la paz, la reconciliación, se fueron a elecciones en 1990 y desgraciadamente el frente sandinista perdió las elecciones de 1990 y pasó a la oposición durante dieciséis años.

En esos años nosotros desde la oposición seguimos defendiendo las conquistas de la revolución. Nos querían arrebatar muchos derechos, muchos beneficios que se habían conquistado con la revolución; pero nosotros siempre seguimos al frente. El gobierno del neoliberalismo como el gobierno de la Violeta Chamorro, el gobierno de Arnoldo Alemán Lacayo, el gobierno de Enrique Bolaños Geyer. Estos gobiernos más que todo se dedicaron a saquear lo que eran las arcas del estado, a privatizar todo lo que era la energía, la salud, o sea fueron privatizando muchas cosas menos el agua. En el 2006 el frente sandinista gana las elecciones y no logran privatizar el agua, fue lo único que logramos nosotros que no se privatizara. Y ya desde el 2006 hasta el 2016 fueron diez años de reorganización, de reivindicaciones de derechos, restitución de derechos, todos los derechos que habían sido quitados por la derecha nosotros los volvimos a reconquistar de nuevo.

¿Cómo se vivía esa violencia de la dictadura? ¿Qué recuerdos tiene usted?

Lo que yo recuerdo de esa época era que la dictadura era más que todo represión, persecución, asesinatos, nosotros vivimos una época de ley marcial, toque de queda, estado de sitio, no teníamos derecho a la diversión, el que era encontrado después de las 6 de la tarde era asesinado en la calle porque decían que eran del frente sandinista. Por eso, en esa época ser joven en Nicaragua era un delito, porque la guardia decía que éramos sandinistas.

Murió mucha gente que no era sandinista, tal vez eran jóvenes que andaban estudiando.

¿De qué manera cambió Nicaragua después de la revolución?

El cambio que nosotros vimos en Nicaragua fue que prácticamente todos aquellos derechos de los que éramos privados en la dictadura de Somoza después se convirtieron en derechos para todos los nicaragüenses, como el derecho a la salud, a la educación, derecho a la tierra, derecho al trabajo. Hubo un cambio, democráticamente, de todas las reivindicaciones sociales, que en aquella época todos esos derechos eran un privilegio. Entonces nosotros logramos romper esa barrera y ser beneficiados por derechos a los que no teníamos acceso nosotros, como la cultura, el deporte. Hubo mucha construcción de escuelas, universidades, carreteras, puentes. O sea hubo un proceso de desarrollo, poco, por la guerra que estábamos viviendo en los años ochenta. Pero ahora desde el 2006 al 2016 Nicaragua ha venido prosperando en desarrollo, tanto económico, político y social.

El año pasado (2018) nosotros tuvimos una experiencia, fuimos objeto de un golpe de Estado financiado por agentes internos y externos tanto de Nicaragua como fuera de Nicaragua que fueron apoyados y financiados por los Estados Unidos. Organizaron grupos de estudiantes, organizaron la delincuencia y comenzaron a destruir muchos colectivos económicos que el gobierno ha ido desarrollando durante los diez años de la revolución. Entonces eso fue un golpe fallido porque prácticamente el pueblo no estaba dispuesto a entregar la revolución a gente que lo único que querían era destruir la economía de Nicaragua. Porque…?Cuál fue el delito de Nicaragua? El desarrollo económico.

¿Usted qué piensa de la lucha armada? ¿Hubiera podido hacerse la revolución sin el uso de las armas?

Durante los cincuenta años de lucha del Frente Sandinista en Nicaragua durante la dictadura de Somoza se agotaron todos los canales para derrocar al gobierno de Somoza por la vía cívica ¿entonces cuál fue la vía? La lucha armada, para poder derrocar la dictadura que prácticamente se mantuvo en el poder con represión, persecución, asesinatos… ¿entonces qué nos quedó a nosotros? La vía armada para poder liberar Nicaragua y que la revolución triunfara.

Volviendo a lo que pasó el año pasado (hablando del 2018), ¿Cómo comprobaron que hubo infiltrados?

Fue un plan organizado aquí en Nicaragua, enmascarado bajo el nombre de “organismos no gubernamentales”, que son las ong´s. Había una triangulación de financiamiento de Estados Unidos a estas ong’s. Estas ong’s se encargaban de hacer el trabajo de reclutamiento. A través de informaciones de inteligencia se fue descubriendo que estos organismos, junto a medios de comunicación independientes participaron activamente en el golpe de Estado. Se fueron descubriendo poco a poco, durante tres meses. Entonces el gobierno, como lo que el pueblo está pidiendo es paz y justicia, a todos aquellos personajes que se vieron involucrados, porque mataron, quemaron, saquearon, destruyeron…Entonces toda esta gente que instigaron a la rebelión hoy está siendo castigada por la justicia. Porque no se puede quedar impune, muchos compañeros que murieron, policías, estudiantes, manifestantes, durante los ataques.

¿Y por qué mucha gente sostiene que esa represión vino desde el oficialismo?

No vino desde el oficialismo, la represión vino de los mismos grupos vandálicos que comenzaron una represión contra aquellos que eran sandinistas, los torturaban, los quemaban, y más que todo eran gente que estaban pagados, financiados, hubo grupos que fueron contratados en El Salvador, grupos de Las Maras que participaron en el golpe aquí en Nicaragua.

¿Y ustedes cómo comprobaron ese financiamiento que tuvieron estos grupos?

A través de la USAID4, un organismo norteamericano. Ese organismo fue el apoyo intelectual.

¿Y cómo saben? ¿Cómo se dieron cuenta?

A través de las redes sociales. Encontramos documentación, videos, discos duros, la información que se le capturó a muchos organismos no gubernamentales, que después se hizo un pedido a la personería jurídica. Creo que fue un total de 18 ong’s a las que se le suspendió la personería jurídica porque estaban involucrados en este golpe de estado.

¿Y cómo explican desde el sandinismo que mucha gente en Nicaragua todavía piensa que la represión y los muertos que hubo fueron víctimas de las fuerzas de seguridad del gobierno?

Eso fue una campaña mediática por parte de los medios de comunicación independientes. Pero la verdadera cosa es que aquí en Nicaragua nunca hubo represión porque nosotros luchamos porque Nicaragua sea libre de represiones, de persecuciones, de asesinatos. Entonces eso fue una campaña mediática que han desarrollado tanto los medios de comunicación independientes como las redes sociales.

¿Algún mensaje que le quiera dejar a la juventud latinoamericana en este momento tan complicado?

El mensaje que le hago yo a la juventud latinoamericana y del Caribe es que sigamos adelante luchando, defendiendo la revolución. Prácticamente nosotros tenemos cuarenta años de revolución y la revolución es lo que viene a defender los derechos políticos, sociales de todos los pueblos latinoamericanos. El mensaje que yo le doy a la juventud de Latinoamérica es que no nos dejemos engañar por agentes que están tratando de destruir gobiernos, como el gobierno de Nicaragua, el gobierno de Cuba, el de Venezuela, el gobierno de Bolivia, que prácticamente ellos han sufrido lo que nosotros sufrimos el 18 de abril del 2018. Porque no sólo Nicaragua ha vivido esto que nosotros vivimos, sino que hay otros países de Latinoamérica que están viviendo esta situación por parte de organismos internacionales que están tratando de destruir las revoluciones de izquierda que existen en Latinoamérica.

¿Algún mensaje que quiera dejar como ex guerrillero de la revolución?

Yo el mensaje que dejo como guerrillero es que no me arrepiento de haber participado porque por lo menos yo luché por un cambio, el cambio que nosotros estamos viviendo es un cambio donde la sociedad nicaragüense está luchando por la paz, la unidad y la reconciliación de todos los nicaragüenses.

¿Y que significaría la reconciliación?

La reconciliación significaría la unidad, el diálogo.

Entrevista Marcelo Pereyra Ordoñez

Marcelo mostrando una foto donde figura en una manifestación a los 14 años.

Mi nombre es Marcelo Leonel Pereyra Ordóñez, nací en la ciudad de León, en el barrio San Felipe.

Mi familia viene de extracción proletaria, éramos siete hermanos, solo quedamos tres. Tengo seis hijos y siete nietos.

Comencé mi lucha para el año 1973, cuando yo tenía apenas unos doce años.

En esa época había una lucha de un profesor de la universidad, llamado Efraín Walton, que lo tenían prisionero porque decían que era del Frente Sandinista. Pero el era un profesor de la Universidad Centroamericana, UCA, en Managua. Y de un soldado llamado Francisco Chico Ramírez, ese soldado le entregó el fusil al Frente. Tantas marchas en las que participamos, persiguiendo la libertad de ambos compañeros. Les dieron la libertad, pero al profesor lo exiliaron para su país, El Salvador. Y a Francisco Ramírez lo liberaron, pero a los seis meses lo buscaron y lo mataron al muchacho.

Comencé a organizarme después en los movimientos estudiantiles en la secundaria, eso se llamó el MES. El MES era un escalón para llegar al Frente Estudiantil Revolucionario, movimiento cristiano, que estaba dirigido por la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua. Y ahí era donde estaba el Centro Universitario de la Universidad Nacional llamado CUN. El CUN antes estaba a dos cuadras hacia el norte pero fue quemado el año pasado por los terroristas que vinieron a este país, y nicaragüenses.

Antes el CUN quedaba en la propia Universidad. Nos reuníamos para organizarnos, para hablar en las marchas y manifestaciones y organizar a las personas en los barrios, en las fábricas, en las escuelas secundarias, primarias. Hacer tomar conciencia de qué era esa dictadura, por qué se luchaba, y por qué andábamos en las calles. A veces pintando las paredes en contra de la dictadura, tirando documentos para que los leyera el pueblo, y así el pueblo tuviera más conciencia.

Nosotros les decíamos a esos documentos “la mosca”, porque inmediatamente se repartía y salía uno para la universidad.

Se llegó a un término en que la dictadura, en 1974, decía que el Frente Sandinista de Liberación Nacional ya había desaparecido. Que los grandes cuadros fundadores del Frente Sandinista ya estaban muertos, a otros los tenían prisioneros, y otros estaban huyendo en la montaña.

Pero un 27 de diciembre de 1974 doce muchachos guerrilleros, el comando “Juan José Quesada”, en una casa de un alto general del Ejército de la dictadura de Somoza, de la Guardia Nacional llamado José María Guan. Este señor le estaba dando una fiesta al embajador de Estados Unidos, de apellido Shelton, y estaba de cumpleaños.

Ahí estaban varios embajadores de Chile, España, Inglaterra, Estados Unidos, estaban diferentes personalidades del mundo. Además estaban los dos hermanos del dictador Somoza.

Este comando se prepara y se da cuenta de que en esa casa se va a hacer esa fiesta, el embajador Shelton abandona la fiesta con otros embajadores, pero quedan otras grandes personalidades y quedan los dos hermanos de Somoza.

Los guerrilleros ahí entran exactamente a las doce en punto a la casa disparando ráfagas, entraron a la casa y les dijeron que ese era un operativo en contra de la dictadura de los Somoza. El comando Juan José Quesada tiene tomada la casa y ese general Juan se va al cuarto corriendo a sacar una ametralladora pero lo están esperando y es muerto.

Tres días estuvieron así conversando con la dictadura, con el presidente y sus aliados. Llegó como mediador el Cardenal Miguel Obrandi Bravo, la Cruz Roja Internacionalista y otros embajadores. El Frente Sandinista pidió varios puntos porque el gobierno de la dictadura no quería cesar o lo que pedía el Frente Sandinista.

El Frente Sandinista pedía la liberación de todos los reos políticos, la comunicación en vivo por tres días, de los actos que hacía la dictadura de Somoza, de las matanzas tanto en la montaña como en la ciudad, la corrupción que había, aumento salarial para los obreros, para los soldados de Somoza, libertad de expresión. Eso salió en todos los periódicos, todos los canales de televisión, y salió por todo el mundo.

El comando Juan José Quesada pidió cinco millones de dólares. Ahí es donde sale, el actual presidente de Nicaragua, el comandante Daniel Ortega, que estaba prisionero y lo tuvieron siete años, condenado a treinta años. A los siete años varios compañeros salen con ese operativo y el pueblo se desborda hasta irlos a dejar al aeropuerto

Jóvenes guerrilleros en León

¿Y usted cómo vivió ese episodio? ¿Qué recuerdos tiene?

Yo tenía casi trece años y yo ya miraba que había sido un éxito rotundo ese operativo. El Frente Sandinista estaba dando a conocer que no estaba muerto, ni desaparecido. Que estaba en la lucha hasta el final.

El imperialismo norteamericano se dio cuenta y dijo, por medio de su embajador, que la guerrilla todavía tenía fuerza en Nicaragua. Vio al pueblo desbordarse, como le dije, al aeropuerto. Ahí el Cardenal se terminó exiliando a Cuba junto a los reos políticos. Fue un gran operativo rotundo y victorioso. El frente sandinista da a conocer su nueva etapa de lucha. No hemos dejado la lucha, estamos firmes hasta el final, junto al pueblo de Nicaragua.

¿Cómo empezó usted a participar y a involucrarse políticamente?

Yo participaba en las manifestaciones del 73, un grupo de estudiantes andaban “repartiendo la mosca”, unos volantes invitando al pueblo en general a hacer manifestaciones.

Yo estudiaba en un colegio llamado Cardenal Calasanz, de sacerdotes católicos españoles. Ahí estudiaban ricos y pobres, pero los pobres no pagábamos, los ricos sí. Llegaron los estudiantes a repartir la mosca, no sé cómo entraron al colegio, leí ese documento pequeño, y dije “voy a ir a ver qué pasa en esa marcha”. Vi que en esa marcha había bastantes estudiantes, el pueblo en general, y así comencé a participar en las marchas.

A los años, cuando ellos vieron el interés, compañeros del Frente, del movimiento cristiano, y del CUN, tomaron toda la confianza en mí y me invitaban a reuniones clandestinas, para organizar las células sandinistas, ya sea como un colaborador para transportar algunas cosas para la guerrilla urbana. Y comenzaron a decirme si estaba dispuesto a morir por la causa del frente sandinista, que era la causa del pueblo. Sinceramente yo le digo, y que escuche todo el pueblo del mundo: que ayer como lo dije, y hoy como lo estoy diciendo seguiré siendo un sandinista hasta las últimas consecuencias, no importa morirme, otros me seguirán la lucha.

Después empecé a participar de las tomas de los colegios, en protestas, comencé a participar de tomas de tierras de los somocistas, en tomas de la Iglesia, en tomas de los mercados, en todo tipo de protestas. En las calles hacíamos fogatas, íbamos a organizar a los barrios, y así poco a poco fuí organizándome en el Frente Sandinista.

Para 1978 ya estaba organizado. Quien me organiza a mí es la compañera Arre Shu, una muchacha chinita, de apenas diecinueve años que no era de león, era de Carazo.

Ella vino a estudiar medicina a la universidad. Ella me miraba en las manifestaciones y de repente apareció por mi casa, no sé quién le dio la dirección, me asusté al verla. “Ven, quiero platicar contigo. ¿Conoces a estos muchachos?”, “Si”, tráelos y vamos a conversar. Yo fuí a traer a mis amigos que vivieron siempre en la misma cuadra, y nos reunimos en el fondo del patio de mi casa. Eran tipo seis, siete de la noche, cuando ya la gente no estaba en la calle, solo nosotros estábamos en el patio. Y nos dijo “¿Están dispuestos a colaborar y a morir por la causa del Frente Sandinista?” todo el mundo contestó: “Si”. Pusimos la bandera roja y negra y la bandera de Nicaragua, “Si así sea, la revolución algún día nos premie”, “Y si alguno de ustedes traiciona la revolución, la revolución y la patria verán qué hacen con ustedes”.

Y comenzamos una lucha de guerrilla, clandestinamente ya. Recuperando dinero en los bancos, recuperando algunas armitas, en las farmacias, medicamentos, en los centros químicos donde vendían cosas químicas para hacer bombas de contacto, bombas molotov. Comenzamos con una serie de operativos.

Hasta cuando llegamos el 10 de enero del 78, en Managua, un día como hoy se están cumpliendo cuarenta y un años, es asesinado a las seis de la mañana un gran opositor, pero burgués, Pedro Joaquín Chamorro, por unos matones a sueldo mandados por Somoza a matarlo. Para callar las verdades de ese periodista, que denunciaba los crímenes y barbaridades que hacía Somoza, el lo escribía en su diario, por eso Somoza lo manda a matar. El pueblo se levanta pero dirigido por el Frente Sandinista.

Se comienzan a hacer grandes manifestaciones, paro general de transporte, en fábricas, en salud, en todo. Se queman propiedades de la dictadura de Somoza. Somoza comienza una gran represión, trajo los soldados de la montaña, y cuando lo miraban a uno, donde estaba lo echaban preso y todo.

¿Tuvo la experiencia de estar preso?

A mí me agarraron en una manifestación. Me agarran como en el 75. Yo le dije a mi mamá que iba a hacer un mandado, “ten calma”, me dijo, “y no te vayas a meter en esas manifestaciones, que la Guardia no anda respetando a los jóvenes”. Yo le dije que no andaba en eso, yo sinceramente andaba en eso, pero nuestras familias no sabían completamente que andábamos con el Frente Sandinista en las manifestaciones. Fui capturado, no solo yo, éramos como cuarenta muchachos, varones y mujeres, nos llevan a las prisiones, comienzan a interrogarnos, nos torturan, nos ponen electricidad, a otro le sacaron las uñas, dientes, le ponían la electricidad en pilas de agua, de los pies los colgaban. Y al que no decía nada se lo llevaban a una fortaleza que se llamaba el Fortín de Acosasco, que está a siete kilómetros de la ciudad de León, una prisión de Somoza, el que iba allí no regresaba, era raro el que regresaba. Porque allí era como decir la muerte, el matadero. El que no hablaba, no daba información, le cortaban la cabeza, el cuerpo al mar y la cabeza allá a la tierra. Nosotros le decimos “el repollal”, donde tiraban las cabezas. Al tiempo salían las calaveras, y eran como repollos, por eso “el repollal” le decíamos nosotros.

Una experiencia bien dura, que no quiero volver a vivir, ni mis hijos ni mis nietos, que vivan eso, porque eso es duro. No nos daban de comer, no les importaba si estábamos resquebrajados, bien torturados, te sacaban en la noche, en la madrugada, y ellos nada, lo que querían era información de nuestros dirigentes, donde estaban, qué casa, qué barrio, pero nosotros nunca dijimos nada.

¿Y cómo se salvó de esa prisión?

Yo estudiaba en un colegio de sacerdotes católicos, se llamaba “El Calasanz”. Los directores eran sacerdotes católicos españoles. Cuando fui capturado, alguien fue a avisar a mi casa, donde mi familia, mi madre comenzó a llorar, dicen, fue a buscarme a las prisiones y no me encontraba. Luego se fue donde los sacerdotes a preguntar si estaban los directores y la atendieron. Pero los sacerdotes le dijeron que si era cierto o no era cierto que yo andaba ahí (en las manifestaciones), y ella les dijo “el nunca ha andado ahí. No se por qué lo tienen ahí”. “Bueno vamos a armar una comisión, vamos a ir a hablar con el jefe de la plaza de la Guardia” y fueron.

Entraron a algunas prisiones, no nos encontraban, hasta cuando nos encontraron a doce muchachos que estábamos en unos túneles, bien torturados, bien masacrados. Ya me cuentan ellos que ya estaban dándose por vencidos, los sacerdotes y la familia. Pero cuando iban saliendo, un soldado de Somoza le dijo a un sacerdote “los muchachos que ustedes andan buscando están allí, en la tercera prisión abajo hay un túnel, vayan”. Se organizaron y les dijeron “Abran eso”, y abrieron.

Al ver el sol la claridad nos golpeó y gritamos “Acá estamos vivos todavía”. Entonces llamaron al jefe de la plaza inmediatamente. “Sáquelos, llévenselos”. Nos sacaron, nos llevaron, no en una ambulancia sino en un bus del colegio, al hospital. Pero también el mismo soldado les dijo: “Dice el jefe de nosotros que en la noche van a ir a sacar a esos muchachos del hospital y los van a matar”. Los sacerdotes le dijeron a la familia: “Estos muchachos yo me los llevo hoy, porque sino la guardia viene a la noche. Ustedes váyanse para la casa, no hay comunicación ahorita. Durante dos meses yo los voy a tener”. Y ahí nos tuvo, nos curamos, y nos dijo “Luchen por Nicaragua. Nicaragua los necesita. Dios vaya con ustedes”. Entonces salimos cada quien, en la tarde, a nuestros barrios, clandestinamente. Y nunca me volvieron a agarrar. Por eso salí libre de esa maldita cárcel llamada “La 21”. Veintisiete días prisionero.

¿Y cómo continuó después su militancia y su lucha?

Yo continúo siempre en misma lucha de frente con el Frente hasta las últimas consecuencias, vencer o morir.

¿Cómo se vivió en León la etapa de los bombardeos y manifestaciones en los barrios?

Las manifestaciones eran cuidadas por todos los pobres en los barrios, cuando pasábamos nosotros en las grandes manifestaciones nos abrían las puertas en caso de que la Guardia viniera, los convoyes de los soldados nos tiraban bombas lacrimógenas, balazos y todo, ellos nos abrían las puertas y luego las cerraban. Los que no podían alcanzar alguna casa se los llevaban prisioneros, pero el pueblo, los barrios nos apoyaban cuando llegábamos ahí.

¿Qué otra historia recuerda de la etapa de lucha antes de que ganara la revolución?

Tengo dos anécdotas. Para 1978 el frente sandinista lanza la primera ofensiva de insurrección armada, ciento veinte muchachos armados, los otros mal desarmados, con machete, cuchillos piedras, bien armados los ciento veinte muchachos, y bien instruidos, atacando los cuarteles. Fue el 9 de septiembre del año 1978, yo estaba al frente de la prisión donde estuve prisionero, ahí hay una iglesia que se llamaba San Sebastián.

Estábamos ahí y dan la orden a las seis de la tarde en punto “¡disparen!”, yo nunca había disparado. Yo solo veía bang bang bang, los balazos, y cómo respondía la guardia, y uno de los jefes me dijo: “¿y tu cuándo vas a disparar?”. Yo lo quedé viendo…” ¡Dispara rápido! ¡Anda!” yo me levanté, pero sin mirar a qué objetivo estaba disparando, solo saqué el fusil y prrr prrrr…. Y me dice: “Ni a un zancudo mataste porque todas las balas se fueron para arriba”. Eso fue una experiencia que me dió risa y a la misma vez nunca la voy a olvidar.

La primera vez uno tiene miedo pero cuando ya escucha los balazos arriba de tu cabeza y dispara ya se te va quitando el miedo, poco a poco, y así se me quitó ese miedo. Porque después fui al depósito y cargué nuevamente de balas, me paré y disparé. Ya no tenía miedo a las balas, ya eran altas, y cuando eran bajas me tenía que agachar, y así…cuando fui a la primera guerra tenía dieciséis años.

La otras armas las conocía pero no disparaba, porque solo eran como una colaboración, ir a dejarlas a un barrio donde estaban los guerrilleros, cuando se movilizaban, y así conocí algunas armas, pero dispararlas, la primera vez fue el 9 de septiembre del 78.

¿De qué otras maneras colaboró usted con la revolución?

Después de esa insurrección nosotros nos trasladamos. El que se pudo ir fuera de la ciudad se fue a la montaña a esconderse porque era la única forma. Porque no sabíamos que había gente infiltrada dentro de nuestra organización, en pleno barrio tenías a la Guardia infiltrada, los que les decimos soplones, sapos. Entonces teníamos miedo de que llegara la guardia y nos capturara y nos mataran. Porque no era la guardia solamente de Somoza, eran hondureños, salvadoreños, guatemaltecos, coreanos del sur, israelitas, españoles, argentinos…de todo.

¿Cómo vivió usted en triunfo de la revolución?

Cuando liberamos a León, el 20 de julio de 1979, para mí fue una gran euforia, a la misma vez una tristeza…un padre, dos hijos, dos de mis hermanos muertos…pero me sentía libre y orgulloso de haber liberado León. Y cuando llegamos a Managua, fue un gran orgullo llegar a la capital. Con los tanques y los cañones. Y de ver a muchos guerrilleros, chavalos jóvenes, solos, chicos y muchachas…estábamos en la plaza de la revolución en Managua celebrando la victoria, el 19 de Julio del año 79.

Éramos libres por primera vez en la historia de Nicaragua. La dictadura de la familia Somoza se había ido, el último a Paraguay, el otro a Guatemala ¡Siempre en Nicaragua será 19 de Julio, hoy, mañana y siempre!

¿Qué mensaje nos puede dejar a los jóvenes latinoamericanos en esta etapa de la Historia?

En primer lugar, como ex guerrillero del frente sandinista, y veterano y héroe de la patria de la revolución, le pido a las nuevas generaciones, a los movimientos revolucionarios de las universidades, de los obreros, de los campesinos, de la gente más humilde, que se una a organizarse, y que comiencen una lucha cívica, porque el que no comienza con una lucha cívica y se va por la libre, no triunfa. Primero hay que organizar al pueblo. Hacerle conciencia. Y así van a triunfar. Más valor, más amor a su patria. Para las nuevas generaciones de estos países. Ojalá que todos los países de Latinoamérica sean libres como Nicaragua. Que tengan escuelas, que tengan salud, trabajo, las mujeres, cooperativas, techo para los pobres, electricidad y agua para los campesinos, carreteras nuevas, hospitales, centros de recreación, para niños discapacitados, ¡todo tenemos en Nicaragua! Eso lo da el gobierno sandinista, la compañera Rosario Murillo y el comandante Daniel Ortega. Muchos proyectos faltan por hacer, y los tenemos que cumplir todos los sandinistas y nicaragüenses, así miran ustedes la experiencia que nosotros tuvimos, y así van a triunfar, en los jóvenes en Latinoamérica, y en cualquier pueblo del mundo.

Yo le quisiera agradecer a usted compañera, de que haya venido aquí al Museo de la Revolución, y haya escuchado nuestras historias, la historia de todo este pueblo luchador, de tantos años desde la colonización. Porque esta lucha no comienza ahorita, comienza cuando vinieron los españoles, con nuestros indios y caciques. Después con los invasores, con los norteamericanos, después con la dictadura de Somoza, y muchas cosas más. Aquí no se ha terminado, seguiremos luchando hasta las últimas consecuencias. La consigna es “Patria libre o morir. Patria o muerte, venceremos”. ¡Hasta la victoria siempre! ¡Adelante, adelante compañeros!

Ciudad de León, Nicaragua, 10 de enero 2019.


  1. En referencia al título “Nicaragua, tan violentamente dulce” del escritor y periodista Julio Cortázar. ↩︎
  2. Escuela de instrucción militar del Ejército de los Estados Unidos creada en Panamá en 1949. Su existencia es muy polémica debido a su influencia en las dictaduras latinoamericanas, instruyendo a los ejércitos dictadores en metodologías de tortura, muerte y exterminio. ↩︎
  3. Las brigadas alfabetizadoras fueron los grupos que se encargaron de llevar adelante en Nicaragua la Cruzada Nacional de Alfabetización. Fue un gran movimiento de masas iniciado en 1980, impulsado por el gobierno revolucionario de Nicaragua con apoyo internacional. Permitió reducir el índice de analfabetismo, superior al 50 %, hasta el 13 %. Se sumaron miles de personas de todo tipo y sector social a las brigadas. Esta tarea obtuvo el reconocimiento de la Unesco en 1981. ↩︎
  4. USAID – Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional. ↩︎
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