Ubicada en la costa mediterránea de Francia, con una antigüedad de mas de 3000 años, Marsella es la ciudad más antigua del país. Su Viejo Puerto es el mas importante de Francia y uno de los principales de Europa.

Al llegar a Marsella pareciera que unx se trasladó inexplicablemente a otra región del mundo.
Ciertamente, esta ciudad es diferente a otras ciudades francesas. La basura tirada en la calle (esto no es habitual en otras zonas de Francia) su puerto y su arquitectura, le da un aire a Nápoles, y justamente, estas dos ciudades estuvieron hermanadas hace más de 2000 años, en la época de disputas políticas entre Julio Cesar y Pompeyo el Grande.
Personas de rasgos afro y pieles negras; rostros árabes, de ojos oscuros y profundos, narices imponentes, y cabellos negros y enrulados; mujeres ataviadas con turbantes sobre su cabello o con largos trajes de tela holgada; algunas cubiertas totalmente, solo dejando ver sus ojos; mucho arte callejero, muchos murales y grafittis; música árabe que suena en la vía pública; personas hablando árabe a los gritos; vendedores ambulantes por doquier. Es que, su puerto, que está en actividad constante desde hace mas de 2000 años, es el que recibe a miles de personas de Africa y Oriente que llegan buscando el sueño europeo.

Marsella (al igual que Nápoles) fue fundada como una colonia griega alrededor del año 600 antes de Cristo, y tiene una historia legendaria muy interesante sobre su fundación.
En los alrededores del monte donde ahora está la catedral Notre Dame de la Garde, un símbolo de Marsella, estaba ubicada una comunidad celta. Los griegos en ese entonces eran exploradores, navegantes incansables del mediterráneo, y un día un grupo de navegantes llegó hasta esa zona de la costa. Allí conocieron a esta comunidad y establecieron buenas relaciones.
Uno de esos hombres griegos, se trataba de un joven comerciante exitoso y adinerado. La hija del rey de la comunidad celta estaba en edad de escoger esposo, y eligió a este griego, quien le pareció un muy buen partido a su padre.
Así se inició la historia de lo que fue primero una comunidad celta-griega, fundada con el nombre de Massalia en las costas del mediterráneo, donde convivieron las dos culturas.
El sitio exacto de la fundación se supone que fue lo que ahora es el barrio Le Panier, lugar donde aún puede encontrarse el resto de una construcción de la cultura griega.

Varios siglos después, el imperio romano hizo su aparición en las tierras celtas de la mano del reconocido Julio César, quien desplegó sus fuerzas y ejército durante años, tras el firme objetivo de conquistar la Galia. Luego de intensas batallas y muchas muertes, en el año 49 A.C., el ejército romano venció y capturó a la flota de Massalia. En ese tiempo, la ciudad de Massalia apoyaba al partido político de Pompeyo el grande, contrincante político de Julio César, así que podemos imaginarnos la ferocidad y resentimiento de esa conquista.
Fue así que Massalia pasó a ser parte de las tierras bajo control romano, y sin ningún respeto a las culturas que originalmente habitaban allí, se impuso el estilo de vida romano y la ciudad pasó a llamarse Massilia.

Hay muchos signos de batallas en Marsella. Las antiguas fortalezas dan cuenta de la fuerte defensa que tuvo que desplegar la ciudad a lo largo de su historia. Hay dos fuertes importantes: El Fuerte San Juan, enorme e imponente, cuya construcción comenzó en el siglo XIII con una gran torre cuadrada. Y también está el Fuerte San Nicolás, construido en el siglo XVII por el rey Luis XIV para defender a la realeza ante una hermosa sublevación del pueblo marsellés contra la corona. O sea, un fuerte construído en contra de su propio pueblo.

Es de Marsella que proviene “La Marsellesa”, la canción que hoy en día es el himno de Francia, y la ciudad se especializa hace siglos en la fabricación de jabón, producto de excelente calidad que se consigue en toda Francia.
La Revolución francesa de 1789 se vivió muy intensamente en las calles de Marsella, se destruyeron muchos monumentos y edificios que recordaban a la monarquía.
Y también la intensa Marsella fue duramente atacada por el ejército alemán en la Segunda Guerra Mundial, siendo destruída en gran parte. El ejército alemán incluso instaló una base y un búnker en una de las islas que están al frente de Marsella. Hoy en día podemos entrar a esa base, ver donde dormían los soldados alemanes, las torres de vigilancia, el búnker, los cañones.

Con tantos siglos de antigüedad está claro que sus calles y rincones están cargados de historia, y podemos ver mucho de esto en Marsella.
El colorido y bohemio barrio Le Panier, muy cerca del puerto, es el primer barrio de la ciudad, y su nombre se debe a que, en la edad media, allí estaban instalados los molinos para producir harina, para hacer pan, “Le Panier” en francés significa “la panera”. El barrio fue bombardeado por el ejército alemán y destruido casi por completo. Afortunadamente aún se conserva un sector que fué restaurado y llenado de vida por artistas, sus paredes son el lienzo del pueblo. Murales elaborados y graffitis abundan en el barrio.
“Yo no espero a Facebook para publicar en los muros” dice un graffitti de Le Panier.

El puerto de Marsella es impresionante, está en actividad constante desde hace mas de 2000 años. Habitado por cientos y cientos de embarcaciones “estacionadas”. Es enorme, tiene varios cientos de metros de largo, llegan barcos y cruceros de grandes dimensiones y de todo el mundo. Es el principal puerto de Francia y el tercero mas importante de Europa.
Al Vieux Port (viejo puerto) llega de todo, cargamentos legales e ilegales. Es donde llega la cocaína de América Latina y el hashís y la marihuana de Africa. Llegan también personas “legales” e “ilegales”. Es la puerta de salida al Africa, es la puerta de entrada a Europa para lxs africanxs.

Cerca del barrio Le Panier, está la zona del mercado Noailles, el mercado africano. Mucha gente hablando extrañas lenguas, puestos con productos exóticos, mujeres ataviadas con diferentes tipos de turbantes y Burkas.

Al entrar a la zona claramente parece que no estuviéramos en Francia. Hay muchas personas que llegan de diferentes países y regiones de Africa, escapando de las duras realidades económicas y políticas, creyendo encontrar una solución en Europa. Pero el panorama al llegar es difícil también, la ilegalidad inmigratoria, que no permite la búsqueda de un trabajo o desarrollar un oficio, les obliga a dedicarse a diferentes actividades clandestinas para sobrevivir en una de las regiones más caras del mundo. Vender droga, revolver la basura para encontrar cosas posibles de ver vendidas e instalar improvisados puestos de venta en el piso. Lo sorprendente es que hay gente que compra esas cosas. Me quedé un rato observando los puestos y efectivamente vi, para mi sorpresa, que hay gente tan necesitada que compra ropa y cosas encontradas en la basura.
Esto también es Europa, con su “efecto derrame” y su ilusión eurocentrista. La otra cara del colonialismo: para que lxs habitantes de las grandes potencias vivan con lujo, las ex colonias deben desangrarse en recursos y vidas para poder satisfacer las necesidades de una cultura cuyo estilo de vida está llevando al planeta a la decadencia.






















































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