Mente y corazón (la historia del Hotel Le Charme)*

por Denise Bilsky

En el principal centro de Ski del mundo, frente a la montaña más alta de Europa Occidental y en un entorno de cuentos, viviríamos una historia de locura, desórdenes psicológicos e injusticia.

Vista Panorámica de Chamonix Mont Blanc.

En tantos viajes y en la vida misma, estoy aprendiendo a hacerle caso a mis corazonadas. Ese instinto conectado con lo salvaje que “baja” información a alguna parte de la conciencia. Esas vibraciones y sensaciones inexplicables que a veces te generan ganas de huir, o todo lo contrario. En esa lucha permanente entre mente y corazón se debate muchas veces el destino.

La primera vez que lxs vi, su imagen me generó un poco de temor. Estaba en Chamonix Mont Blanc, Francia, el principal centro de ski del mundo, con otros tres amigos argentinos. Estábamos en una feria de empleos para la temporada de invierno en los Alpes. Ya era el final de la jornada, en diez minutos cerrarían las puertas. Yo había dejado mi último currículum justamente en ese puesto, donde estaban aquellas tres personas haciendo entrevistas.

Con mis amigos bromeábamos, yo les decía: “parece un tribunal de tesis, me da miedo”, y nos reíamos de la analogía. Estaban entrevistando a un chico, lxs tres extremadamente serixs, con los brazos cruzados. Yo ya estaba de por si insegura por mi falta de idioma francés, así que pocas ganas tenía de pasar esa entrevista, además de que pensaba que, por la hora, ya no me llamarían.

Pero, estábamos lxs cuatros dirigiéndonos hacia la salida cuando vino ella corriendo, muy sonriente, con mi currículum en la mano y me invitó a ser entrevistada. Mis amigos me miraron dándome aliento y allí fui.

Me senté frente al “tribunal”. Se trataba del dueño del Hotel Le Charme junto a la joven mujer a su izquierda y un hombre adulto con un gran bigote a su derecha. Tanto el dueño del hotel como la joven estaban extremadamente sonrientes, me entrevistaron en inglés. El hombre del bigote estaba mas bien serio, pero con actitud amigable.

El propietario del hotel se llamaba Jean Pierre, era un hombre francés de unos sesenta años, sonriente y muy cordial. La chica se llamaba Kolenka, era eslovaca, alta y delgada, de ojos celestes y escaso cabello rubio. Ella era la ayudante de Jean Pierre, una especie de “mano derecha”. Y el otro personaje, François, se trataba del chef del restaurante del hotel, era francés también y no hablaba ni entendía inglés, por esa razón estaba mas bien serio, y no participaba de la conversación. Era un hombre bajito y retacón, en sus cincuenta, de cabello oscuro y un notable bigote sobre su boca. Recuerdo que me miraba con sus ojos oscuros de manera un poco nerviosa.

Los alpes franceses, donde se inventó el alpinismo

Entre Kolenka y Jean Pierre me ofrecieron un puesto en el hotel, brindándome promesas de excelentes condiciones de trabajo. Jean Pierre me comprometió a estudiar duro francés en los dos meses que faltaban para la temporada, diciéndome que si me interesaba el puesto debería poder comunicarme en francés en diciembre. Me dio su número de teléfono personal, me ofreció la posibilidad de ir al hotel a conocerlo para decidirme, y nos despedimos entre sonrisas y palabras gentiles.

A los pocos días estaba de nuevo en el valle del Mont Blanc. jean Pierre pasó a buscarme por la estación de tren de Saint Gevais en su camioneta, subimos hasta arriba de la montaña, donde estaba ubicado el Hotel Le Charm, a 1860 msnm. Era un hotel familiar, se trataba de un edificio construido en los años 20 por el abuelo de Jean Pierre. Estaba rodeado de un paisaje de ensueño, montañas con picos nevados y bosques de pinos. Además que desde su terraza se podía ver la cima del Mont Blanc, la montaña mas alta de Europa.

Me gustó la idea de pasar allí la temporada de invierno, ya que me ofrecían un puesto que podía ser de bartender o runner, alojamiento y comida. Además de que tenía la posibilidad de trabajar ahí casi sin haberme esforzado en buscar.

Los siguientes dos meses, los pasé estudiando francés, con el estímulo de poder hablarlo mínimamente en diciembre.

Calle céntrica de Chamonix Mont Blanc.

En septiembre había estado participando en una vendimia con un grupo en el que había muchxs argentinxs y otrxs latinxs. Con ese grupo acordamos vernos en Chamonix para la temporada. Unas dos semanas antes de empezar el trabajo, me comuniqué con Patricia, una de las chicas de la vendimia, que también estaba decidida a buscar trabajo en la zona. Así que le consulté a Jean Pierre si necesitaba una persona más para el staff y me contestó que sí. De esta manera Patricia se sumó al equipo de Le Charm.

Era el martes once de diciembre cuando nos encontramos en la base del teleférico con todas nuestras valijas y cosas, para subir a internarnos en el hotel de montaña. Estaba empezando el invierno y ya estaba absolutamente todo cubierto de nieve.

Allí estaba François, el enigmático chef, y luego apareció Patricia, con la que fuimos a un local frente al teleférico a comprarnos un equipo de esquí para utilizar entre las dos, ya que calzábamos igual.

La subida en el teleférico fue larga, duraba unos diez minutos. Podíamos contemplar la majestuosidad de los picos y la blancura infinita que cubría todo. Al llegar a la cima fue complicado caminar hasta el hotel debido a la cantidad de nieve, nuestras cosas fueron llevadas en motonieve.

La primera vez que subimos al hotel.

Jean Pierre, el propietario, nos ofreció para nosotras dos unas habitaciones que se encontraban al costado del hotel, para llegar a ellas había que cruzar la cochera. Nos gustó el espacio ya que teníamos privacidad, cada una en su habitación, con buena calefacción, y ventanas que apuntaban a una vista de ensueño. La habitación de François estaba pegada a la nuestra, pero con la entrada ubicada hacia otro lado, nunca nos cruzábamos.

Fuimos lxs primerxs empleadxs en llegar. Los primeros días fueron llevaderos. Jean Pierre me había dado el puesto Polivalente, por lo que tenia tareas variadas. En esos días la prioridad era organizar la ropa de cama del hotel, esperando la temporada, que empezaba tres días después. Ya desde el primer dia Jean Pierre nos aclaró el orden de jerarquías que habría: primero estaba el, luego Kolenka y luego el chef, que debía ser respetado y tratado de “usted” (“vous” en francés).

A los dos días llegaron mas compañeros, todos jóvenes franceses: Adrien, Theo, Yanis, Kevin y Dylan.

Llegó el primer día de la temporada de ski y empezó a arribar la horda de esquiadorxs al restaurant a la hora del almuerzo. Se trataba de un autoservicio donde la gente podía escoger entre diferentes comidas de preparación sencilla, algunas propias de la cocina savoyarda, como la tartiflette.

Todo estaba bastante desorganizado, Patricia era la cajera y nunca le habían explicado cómo usar la máquina, al igual que Adrien, quien preparaba papas fritas y hamburguesas, y tampoco entendía bien como funcionaban las máquinas o cómo organizarse.

Pero así pasó el primer y caótico día, ante nuestras miradas perplejas.

Pista de ski al atardecer.

Nuestra rutina cotidiana comenzaba a las 8 de la mañana. La jornada terminaba alrededor de las 17 hrs. Y la cena, entre todxs lxs empleadxs, era a las 19 horas. La cena y la sobremesa eran los únicos momentos en que nos veíamos y podíamos conversar y compartir un poco.

Para poder cruzarnos desde y hacia nuestras habitaciones, debíamos pasar por la cocina para luego atravesar la cochera, así es que siempre lo veíamos a Florent, el sabía todos nuestros movimientos. Además, François nos había pedido expresamente que cada vez que bajáramos al pueblo le avisemos así no nos tenia en cuenta para la cena.

François era un hombre serio. Y si bien era muy gentil y educado con nosotras, a Dylan, el compañero mas joven, que tenía diecinueve años, lo trataba muy mal. Varias veces lo vimos gritarle, tanto en la cocina como en la mesa a la hora de la cena.

Si bien su contextura física era muy poco atlética, y estaba excedido de peso, nos contó que practicaba escalada y corría. Era al parecer conocido en ese ambiente, ya que nos mostró algunas entrevistas que le habían hecho sobre su práctica de este deporte por el mundo. Había estado incluso en Argentina escalando el Aconcagua, nos contaba.

Pasó el tiempo en Le Charme…y cada vez se volvía más tenso el ambiente.

Atardecer en la cima de la montaña

A la semana de empezar, Theo, el pastelero, un joven afrofrancés de unos veinte años, renunció por llevarse mal con Jean Pierre y por el ambiente que reinaba en esa cocina. Fue reemplazado por Etienne, un hombre joven. Yanis, el último día del año, también decidió renunciar, cansado de los malos tratos de Florent. Kevin también fue despedido unas semanas después. El plantel se renovaba constantemente.

Por ejemplo Jean Pierre había contratado para ayudar en la cocina a Stephanne, un hombre de unos cuarenta y cinco años, y a las pocas semanas lo despidió acusándolo de robarle una botella de vino. Se sumó también Pierrick, un joven francés que hablaba muy bien español. Adrien, apenas consiguió otro trabajo en Chamonix, renunció.

Un hecho de importancia para nosotras eran los horarios del teleférico, el único medio de transporte para poder llegar al hotel, arriba de la montaña. El último teleférico del día bajaba alrededor de las 16:30 de la tarde. Por nuestros horarios de trabajo, era toda una odisea poder terminar a tiempo para poder tomarlo, por lo que teníamos una sensación asfixiante de estar presas en Le Charme, al mejor estilo Stanley Kubrick.

Disfrutando de las pistas solitarias sin esquiadorxs.

Unos días antes de renunciar Adrien, pasó algo en el hotel que, en ese momento no le dimos demasiada importancia, pero que tiempo después marcaría una visagra en nuestra historia en el valle del Mont Blanc.

François extravió su teléfono en el baño que estaba al lado de la cocina. Nos preguntaron a todo el personal, nadie decía haberlo visto. Entonces Florent dejó su puesto de trabajo con urgencia y se fué en una motonieve hasta el pueblo, con el fin de ir a las oficinas de su empresa telefónica a bloquear su celular.

Tiempo después, cuando Adrien estaba recién mudado a Chamonix, viviendo en el departamento que le habían proporcionado en su nuevo trabajo, me mandó un mensaje de whatsapp con una imagen estremecedora…

Estábamos con Patricia terminando la jornada, queríamos terminar temprano para poder bajar al pueblo ya que esa noche teníamos una juntada con nuestro grupo de amigxs argentinxs.

Estábamos caminando a través de la nieve hacia el teleférico cuando me llegó ese mensaje de Adrien, con una foto. El mensaje decía algo así como “Mira lo que hace el chef, tenés que irte rápido de ahí”, acompañada de una foto de François desnudo, vestido con un conjunto de ropa interior mío, fácil de reconocer. La foto estaba tomada desde el piso hacia arriba, François figuraba agachado sobre la cámara con la bombacha puesta, que claramente le quedaba chica, por lo cual los genitales se le salían por el costado, en sus manos estaba sosteniendo el corpiño de mi conjunto, mostrándolo a cámara presentándoselo sobre su cuerpo.

Una de las mas de 400 fotos que el chef se había tomado.

Yo estaba realmente perpleja, no entendí nada, no podía conectar a François con mi conjunto, el cerebro me sacaba chispas. Me sentía sorprendida, asustada, me daba risa y bronca al mismo tiempo, la verdad no le encontraba lógica a esa foto. Nuestras habitaciones estaban siempre bajo llave. Y con mas razón nos asegurábamos de cerrarlas cuando bajábamos al pueblo.

Fui directo a la casa de Adrien. Allí estaba también Stephanne. Ni bien llegué me contaron toda la historia.

Stephanne había encontrado el teléfono de François aquel día en el baño. Cuando lo encontró no sabía de quién era, se puso a revisarlo, estaba sin clave de seguridad, y vio muchísimas fotos de François vestido con ropa interior de mujer.

Al ver la desesperación de François, decidió no devolvérselo. Luego de que François bajó al pueblo a hacer bloquear el teléfono, ya no se podía acceder al contenido del mismo, por lo cual Stephanne le pidió a un sobrino suyo hacker que accediera y extrajera las fotos.

Adrien tenía todas las fotos en su celular, eran más de cuatrocientas. Me senté en la cama y me puse a verlas, fue muy impresionante: François figuraba en esas fotos vestido con absolutamente toda mi ropa interior, y con mucha de la ropa de Patricia, además de que se había puesto también mis medias finas y algunas calzas (ahí fue que entendí por qué me había aparecido un par de medias finas reventado, siendo que era la segunda vez que lo usaba, y por qué estaba tan estirada mi calza térmica negra).

En las fotos François estaba en nuestra habitación, en nuestro baño, con las bombachas puestas, en una de ellas estaba con la malla de Patricia puesta y sonriendo ante la cámara, en otras estaba mostrando la lencería, en otras figuraba chupando la ropa, o apoyándosela en sus genitales, etc. Un espectáculo por demás horroroso.

Cada foto contenía la información de la fecha y hora en que había sido tomada, por lo cual pudimos darnos cuenta de que había entrado como mínimo cuatro veces, cada vez que nosotras teníamos día libre y bajábamos al pueblo. Por la hora de las fotos también pudimos saber que había pasado horas y horas metido en nuestras habitaciones probándose nuestra ropa y sacándose fotos. Cómo había entrado, eso era un misterio, pero lo más probable era que se hubiera robado alguna de las copias de las llaves.

Al rato vino Patricia y también se sorprendió muchísimo, confirmando que si, esa otra ropa de las fotos era de ella. También había algunas fotos con prendas que no eran nuestras. Estábamos muy nerviosas pero tratamos de organizarnos. Al día siguiente iríamos a hablar con Jean Pierre y haríamos la denuncia en la gendarmería.

Vista desde una de las habitaciones del Hotel Le Charme.

Esa noche la pasamos con Patricia en casa de una amiga. Yo seguía tan impresionada que esa noche no pude dormir. Era una sensación de asco y humillación. Habíamos estado más de un mes usando la misma ropa que él se ponía, en las partes más íntimas del cuerpo. Se acercaba bastante a la impresión ultrajante de un abuso.

A la mañana siguiente Patricia llegó más temprano que yo a Le Charme, ella trabajaba y yo tenía día libre.

Cuando llegué Patricia ya había hablado con Jean Pierre y le había mostrado las fotos. Fui a hablar con ella, que estaba en su puesto de trabajo en la caja, me contó que Jean Pierre se había puesto muy mal, había dicho que no podía permitir eso en su hotel, y afirmó que el mismo haría la denuncia, y que posiblemente cerraría el hotel. Según Patricia, la noticia lo había dejado devastado, sin embargo, a pesar de la situación traumática para nosotras, hizo trabajar a Patricia esa mañana.

Nos citó para hablar a las 11 de mañana, pero ya había cambiado de opinión, no llamaría a gendarmería inmediatamente sino dijo que lo haría a las 15:30 de la tarde (¿?). Nos dijo que no habláramos con ningún compañerx de lo ocurrido. Nosotras le aclaramos que no queríamos cruzarnos a François, que no queríamos verlo nunca mas. Sin embargo François se paseaba cerca del espacio de trabajo de Patricia, incluso mucho más de lo normal.

Yo decidí contarles a algunxs compañerxs lo ocurrido, ya que no entendían nuestras caras de bronca, siendo que siempre solíamos estar sonrientes. Les conté a Pierrick y a Etienne, y se indignaron muchísimo. De todas formas era algo tan bizarro que costaba encuadrarlo dentro de un delito… ¿Era un abuso? ¿Un robo?

Nos sorprendía la actitud de Jean Pierre de no querer hacer la denuncia inmediatamente, dado la gravedad del hecho. Si llamaba a las 15:30 como él decía, la gendarmería no llegaría, ya que primero deberían viajar hasta la base de la telesilla, subir, tomarnos la denuncia, interrogar a las personas implicadas y bajar, era obvio que en una hora no daba el tiempo de hacer todo, antes de la ultima telesilla a las 16:30. Decidí ir a hacer la denuncia, o al menos a averiguar qué podíamos hacer.

Pierrick me acompañó, la idea era subir con los policías. Pero en la gendarmería no pudieron recibirnos la denuncia debido al horario. Según ellos, las denuncias se recibían a la mañana. El policía que nos atendió nos explicó que en Francia no es delito lo que había hecho Florent con nuestra ropa, pero que si era delito que se haya metido en nuestras habitaciones en nuestra ausencia, y que en todo caso, las fotos serian la prueba de ese delito.

Volvimos rápidamente, llegamos justo para tomar la última cabina del teleférico.

Plaza céntrica de Chamonix Mont Blanc.

En Le Charme nos estaban esperando para hablar. El panorama era inquietante. Estaban sentadxs Jean Pierre, François , la hermana de Jean Pierre (esos días estaba de visita), y Patricia. Con Pierrick nos sumamos a la ronda y comenzó la reunión. Jean Pierre tenía un cuaderno y una lapicera a modo de acta.

Explicamos sobre las fotos que habíamos visto, mientras François nos escuchaba mirándonos a la cara, con expresión atenta y la frente ligeramente arrugada en signo de preocupación (dicho de otra forma, cara de “mosquita muerta”). Dejamos en claro, además, que nosotras no queríamos ver ni hablar con François, que sentíamos que lo que había ocurrido era un abuso sexual, y queríamos que el tema sea tratado por la justicia.

François por su parte confesó haber entrado a nuestras habitaciones al menos cuatro veces en nuestra ausencia, dijo que tenía una enfermedad psicológica que lo empujaba a hacer ese tipo de cosas.

Cuando le preguntamos cómo había hecho para entrar si las habitaciones estaban bajo llave, mirándonos a los ojos con descaro nos dijo que las habitaciones estaban sin llave.

Respondimos que estaban con llave siempre, y el siguió insistiendo con su versión. Le preguntamos a Jean Pierre cuántas copias había de cada llave y dijo que tres, que el tenía las otras dos guardadas.

Para finalizar el patético encuentro, nos pidió disculpas. Nosotras le dijimos que no aceptábamos sus disculpas, que necesitábamos que nos dé dinero para comprar ropa interior nueva y además que se vaya, no queríamos seguir trabajando con él.

Luego de esta confrontación obligada, Jean Pierre nos indicó que fuéramos a la habitación de François a revisarla a ver si encontrábamos las llaves. François se mostró muy motivado a dejarnos entrar. Accedimos sin estar muy convencidas de esto, siempre aclarando que nosotras preferíamos que todo esto sea realizado a través de la justicia.

Entramos a la habitación de François y la requisamos toda, ante la mirada de todos los que estaban presentes en la reunión y la “colaboración” de François, que en todo momento buscaba mostrarse más que dispuesto a que le revisemos sus pertenencias. Una de las cosas que encontramos fue un bolso rojo que adentro contenía mucha lencería de encaje, en especial de color rojo y negro. Le preguntamos a François por qué había utilizado nuestras prendas si él ya tenía la suya, y nos dijo que le gustaba probarse ropa nueva y tener variedad.

Les Huches en invierno, la base de la telesilla que sube hasta Le Charme.

Luego de esa “requisa” casera, y obviamente sin haber encontrado nada, nos fuimos a las habitaciones con un sabor amargo en la boca.

Esa noche, cenamos con el resto lxs compañerxs, menos François, a quien Jean Pierre había llevado en motonieve al pueblo. En la mesa de la cena, charlamos junto a Jean Pierre sobre lo sucedido, y el aclaró que no iba a echarlo, porque lo perpetrado por François no era razón suficiente para eso, ya que había sido un problema entre personas adultas y debía intervenir la justicia. En general lxs compañerxs repudiaron a Florent diciendo que no iban a hablarle más, pero las reacciones fueron mucho más tibias de lo que podíamos esperar.

Acordamos con Jean Pierre que a la mañana siguiente íbamos a ir a realizar la denuncia, por lo que Patricia, quien trabajaba ese día también, podría tomarse unas horas.

Llegamos a la comisaría de Chamonix esa mañana y nos recibieron con la característica amabilidad francesa en dos oficinas diferentes. Ellos vieron las fotos, nos pidieron que les mandemos algunas de ellas para el expediente y nos dijeron que la próxima acción sería ir al lugar de los hechos.

Luego de la denuncia Patricia volvió al Hotel con la idea de retomar su trabajo, yo regresé mas tarde.

Cuando llegué a Le Charme Patricia ya se había ido, Jean Pierre no le había permitido seguir trabajando porque según él, había llegado muy tarde, y no le pagaría el día.

Luego de ese día, no lo sabíamos todavía, pero ya nunca más trabajaríamos ni dormiríamos en Le Charme.

Mi libro frente al Mont Blanc, la montaña mas alta de Europa Occidental.

Yo busqué algunas cosas en mi habitación y me volví a Chamonix, no deseaba dormir bajo el mismo techo que Florent. Esa tarde Jean Pierre me mandó un mensaje de whatsapp avisando que al día siguiente tenía franco.

Esos días me fui a quedar en el departamento de Adrien, Patricia se quedaba donde vivía nuestra amiga, en la misma manzana.

Por su parte, Patricia fue a trabajar la mañana siguiente de la denuncia, pero al llegar se encontró con que había un reemplazo en su lugar. Jean Pierre le dijo que ese día también lo tenía libre. Le advirtió también que si seguíamos divulgando lo que había pasado en el hotel o si seguíamos mostrando las fotos nos iba a denunciar.

Esa tarde, nos llego a ambas un extraño mensaje de Jean Pierre. Yo estaba en la cola del supermercado cuando vi este mensaje en el que nos relataba que un hombre con acento extranjero lo había llamado al teléfono fijo del hotel, le había hablado de nuestro caso, nos había nombrado, lo había insultado y amenazado de muerte. Nos explicaba también que había hecho la denuncia de este hecho a gendarmería, y que le habían recomendado anular nuestros contratos. Nunca supimos si esta llamada fue real o un invento, pero le respondimos que queríamos asesorarnos antes de hacer cualquier trámite en relación al contrato.

Las siguientes semanas fueron una locura. Según la ley francesa, si François no era despedido, podíamos darnos por despedidas nosotras, amparadas por la denuncia y las pruebas, y nos correspondía que Jean Pierre nos pague por todo el contrato. Acudimos a todas las dependencias estatales que pudimos, organizamos una cita con un intermediador para hacer una intermediación laboral con Jean Pierre. Fuimos hasta otro pueblo a una oficina de la CGT, la central obrera de Francia. Buscamos abogadx, hicimos muchísimas llamadas, fuimos dos veces al médicx pidiendo licencia laboral para no tener que volver a ver a Florent. Denunciamos el caso ante la inspección de trabajo. Nos asesoramos en la oficina de trabajadorxs de temporada, nos comunicamos personalmente con el canciller de Argentina en Francia…en todos lados se horrorizaban por lo ocurrido, nos decían que era delito, que el jefe debía pagarnos por todo el contrato, que debían clausurarle el hotel…mucho nos dijeron, pero nadie hizo nada por nosotras.

Productos típicos de la Haute Savoie en el mercado de los sábados.

Durante esos días de locura, organizamos para ir a buscar todas nuestras cosas al hotel, junto a dos amigxs, Michelle y Alex.

Fue un episodio muy estresante, queríamos hacerlo sin que nos viera nadie.

Estábamos sacando las cosas cuando Patricia recibió una llamada de la policía diciendo que en unos minutos estarían en el hotel y que necesitaban que estemos ahí. Nos apuramos antes de que viniera la policía, ya que pensábamos que tal vez venían a detenernos por alguna denuncia que habría hecho Jean Pierre en nuestra contra.

En tiempo récord tuve que vaciar la habitación donde había estado viviendo un mes y medio, con la ayuda de Michelle. Patricia y Alex ya habían salido un momento antes que nosotras hacia el teleférico. Entre Michelle y yo agarramos todas mis cosas y salimos casi corriendo a través de la nieve. Estábamos ya cerca del teleférico cuando escuchamos un grito detrás nuestro. Al darme vuelta vi que un policía venia corriendo hacia nosotras. “Sigamos tranquilas caminando, y cuando venga el policía le hablemos con una sonrisa”, le dije a Miche. Nos alcanzó el policía, el cual nos explicó que habían venido para tomar fotografías de la habitación.

Aliviada, llamé a Patricia y junto a los policías entramos en las habitaciones. Ellos fotografiaron todos los espacios que figuraban en las fotos de François: la ducha, mi habitación, mi cama, la alfombra de la entrada…y luego harían la requisa de su habitación.

Finalmente nos fuimos con nuestras cosas, el estrés iba bajando a medida que bajábamos en el teleférico con nuestras pertenencias.

Puesto de quesos locales en el mercado de Chamonix Mont Blanc.

A los pocos días, cuando comenzó febrero, Jean Pierre nos mandó una serie de mensajes pidiéndonos que desocupemos las habitaciones y le devolvamos las llaves. Necesitaba hacer espacio para nuevxs empleadxs.

Y fuimos una de esas siestas, junto a Lucas, un amigo argentino.

El clima estaba tensísimo en Le Charme…luego de saludarnos fríamente en francés, Jean Pierre nos condujo a Patricia y mi a través de la cocina hacia nuestras habitaciones. Tuvimos que pasar frente a François, esa fue la última vez que lo vimos.

Entramos a las habitaciones para terminar de vaciarlas. Miré por última vez ese espacio que había sido mi breve hogar, como cada vez que dejo un lugar que fue mi casa y donde sé que jamás voy a volver…

Antes de irnos le pedimos que tengamos una charla para llegar a un acuerdo sobre el contrato, pero él se negó a hablar con nosotras. Estaba ofendido porque le habíamos mandado una carta documento citándolo con un mediador laboral. Dijo que respondería por la vía legal.

Cuando nos fuimos Lucas nos contó que en nuestra ausencia, Jean Pierre le había preguntado si él había sido el que le hizo la llamada amenazando.

Esa también fue la última vez que vi a Jean Pierre y al resto de las personas que habían sido mis compañerxs.

Calle céntrica de Chamonix Mont Blanc.

Finalmente, el tiempo pasó y la policía no hizo más nada. Nosotras estuvimos sin trabajo tres semanas, pasamos situaciones incómodas porque nos quedamos sin espacio propio, pasamos mucho estrés y gastamos dinero haciendo trámites y buscando otros trabajos…mientras François siguió allá arriba, trabajando tranquilo en Le Charme, protegido por su jefe. El resto de lxs compañerxs siguió trabajando normalmente.

Y yo me sigo cuestionando la validez de las corazonadas frente a la razón, o cómo interpretar las señales del universo. En uno de los tantos caminos que tiene la viajera, esta vez en Francia, el país donde nacieron los derechos humanos.

*El nombre del hotel y algunos nombres propios fueron cambiados para evitar problemas legales.

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